¿Cuál es la mejor dieta?

Hoy en día tenemos dietas de todo tipo keto, paleo, macrobiótica, vegana, carnívora, mediterránea, vegetariana, con comida real… y cada una de ellas con sus defensores (algunos profesionales y otros no tanto) informando a la población de todos los beneficios que la dieta en cuestión aporta y que por tanto es “la mejor y la más saludable”. 

Y entonces surgen cuestiones como ¿cuántas veces al día debemos comer y cuantas horas deben pasar de una ingesta a la siguiente?, ¿Cuánta proteína debo comer? y a su vez, ¿Animal o vegetal? ¿Ayuno o no? y si decido ayunar, ¿Qué tipo de ayuno? Y así un sinfín de preguntas que no tienen una respuesta común a toda la población pues la respuesta es DEPENDE. Depende de cada persona y sus hábitos de vida, de la edad, genero, patología o no, gustos, economía, nivel de actividad, etapa de la vida… Como podemos suponer, no come lo mismo un niño, una persona mayor, una embarazada o un deportista de élite. 

Y todas estas cuestiones que surgen por el constante bombardeo de información que nos llega por todos los medios, nos olvidamos de lo más importante, INDIVIDUALIZAR. Al igual que no todos somos válidos para el mismo tipo de trabajo tampoco somos iguales a la hora de comer. Como ejemplo, una manzana es muy sana, pero si tienes una inflamación intestinal por un sobrecrecimiento bacteriano, posiblemente no te siente bien, y por el momento no es bueno para ti, porque tu organismo no lo tolera. O si tuviste un problema y te extirparon la vesícula tal vez no toleres una comida muy grasa y seguramente una dieta muy alta en grasas no sea adecuada para ti, por muy bien que vaya para regular algunos procesos inflamatorios y la glucemia.

Lo que sí que es común es que debemos llegar a los requerimientos energéticos y de micronutrientes que necesitamos y que lleve al organismo a un estado saludable, de homeostasis. Lo ideal es que lo que ingerimos tenga una elevada densidad nutricional. 

Salud no significa no estar enfermo, salud significa tener vitalidad, digestiones correctas, energía para el día a día, ganas de celebrar, poder descansar correctamente, paz mental… y para todo esto debemos estar bien nutridos, y bien nutridos implica que lo que comemos se absorba correctamente y llegue a la parte del organismo que se necesita para realizar su función.

Muchas veces la búsqueda de la dieta ideal genera frustración. Y es que el problema de todo esto es que no se nos enseña que alimentos necesitamos para realizar esas funciones vitales, no hay educación nutricional de base. 

Ya está más que demostrado que la alimentación es un pilar fundamental para un buen estado de salud y para que todo funcione como debe el estado del tubo digestivo debe ser óptimo. En el intestino se absorben los nutrientes y también está el 80% de nuestro sistema inmune y este necesita micronutrientes como el zinc, el selenio y la vitamina C. Y esto no se obtiene precisamente de la bebida láctea que nos venden para el estar fuertes y luchar contra virus y bacterias.

Nos han hablado de macronutrientes, calorías y dietas basadas en estos conceptos, y no nos han educado para alimentarnos de forma intuitiva y sana, con alimentos reales, sino todo lo contrario, comida muy palatable y lista para consumir sin perder tiempo, demonizando alimentos y generando miedos e inseguridades absurdas con el objetivo de vender.

Afortunadamente la importancia de la buena nutrición está siendo valorada como merece, ya están en boca de todos los imprescindibles micronutrientes, sin ellos no habría vida, las vitaminas y los minerales son imprescindibles para que se realicen muchas de las reacciones químicas que se dan en nuestro cuerpo para sobrevivir, no es un lujo, se trata de mantenernos vivos. 

Por último, muy común y muy importante: escucharnos y no callar los síntomas que refleja un organismo que tiene carencias o dificultades normalizando estar mal y adaptándonos a no estar a pleno rendimiento desde muy jóvenes, nuestro cuerpo nos habla y si normalizamos los síntomas que indican que algo no va bien o los tapamos el problema puede agravarse. Seguro que te suena esto: – Tengo estreñimiento de toda la vida, a mi madre ya le ocurría. Tal vez tu madre ya tenía el problema, pero se normalizo este síntoma que es común pero que no es normal. Al igual que no debes dar por hecho que hay ciertos alimentos que no toleras, o que sino tomas café o bebidas estimulantes no tengas energía. No te conformes, te animo a buscar el origen del problema en cuestión para resolverlo. 

La alimentación no se basa en contar calorías, ni va de tener un cuerpo con una determinada forma ideal, el aspecto físico no indica salud. Preocupémonos de darle al cuerpo todos los nutrientes necesarios y él nos responderá con energía, vitalidad y bienestar. 

Como dijo Hipócrates: “La mejor medicina de todas es enseñarle a la gente como no necesitarla”.

Vanesa Martin Ros

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